miércoles, 5 de diciembre de 2007

Amable, a un tris de casarse con la gloria


Por Sergio Acevedo.

Dando por sentado que la alianza electoral del PRSC será con el PLD, por ser la más conveniente a los intereses de ambos partidos, y por ser la que más se adapta a la idiosincrasia de las dos agrupaciones, es importante analizar sus implicaciones desde el punto de vista del interés nacional, ya que sería un retroceso para el país y un daño irreparable para el sistema de partido y, por consiguiente, para la democracia, el error de reproducir la Alianza Rosada.
Tanto en el PRD como en el PRSC, se va a provocar una rebelión en sus cuadros medios y de base, puesto que no van a esperar pasivamente que llegue la tragedia. Los sargentos van a desobedecer las líneas de sus dirigentes de manera dinámica, casi explosiva, con el agravante de que no estarán ni Peña Gómez, ni Joaquín Balaguer, para contener los desbordamientos que la tragedia de un eventual acuerdo PRD-PRSC podría generar.
Con el PLD, Amable tiene la oportunidad de presentarle al país una opción válida para promover un proceso de cambios y de transformaciones en la sociedad dominicana que impliquen prácticamente una revolución, tocando básicamente los aspectos que entran directamente en el combate a la pobreza, como son la educación, la salud y el empleo.
Desde el punto de vista político sería un paso de avance tremendo, porque daría sustancia social y política a un sector de la población tradicionalmente afín al pensamiento de Balaguer que en la actualidad se encuentra profundamente dividido, sin horizonte, sin un partido que lo represente.
Amable no sólo deberá negociar la pertinencia de compartir el poder para que los reformistas reciban un respiro y puedan renovar sus esperanzas, sino que también deberá aprobar un programa reivindicativo para la población, que fue lo que debió hacer Balaguer en 1994.
Los resultados de la última encuesta realizada por Penn & Schoen, dada a la publicidad el pasado día 30, no pueden ser más reveladores. Es consistente en todos los estudios el resultado de que Leonel gana las elecciones en cualquiera de los escenarios, entonces ¿por qué no aprovechamos el momento político para sacarle provecho en favor del país y en el de nuestro propio partido? Amable debe –incluso- plantearse un acuerdo a largo plazo, un pacto que permita que ambas organizaciones concurran unidas por muchos años para que, desde el poder, motorizar los cambios que permitan erradicar la pobreza, el sueño que Balaguer tuvo desde niño.
De producirse ese fenómeno no habría duda de que Amable se convertiría en esta etapa en el líder indiscutido del PRSC, su orientador y maestro, el timonel que lo conduciría, en este mar proceloso, hacia un puerto seguro. Su dimensión como líder sería histórica, superando a Jacinto –Dios lo tenga en gloria- y a todos los que han emergido en los últimos años, sólo podrá ser superado por Balaguer.
En cambio, si se comete de nuevo el error de negociar con el PRD, la historia del desastre –innecesaria por lo demás- se va a repetir porque los reformistas no van a votar por ese partido, como ha acontecido siempre y entonces no sólo vamos a perder la oportunidad de compartir un programa y una gestión de gobierno, sino que cerraremos la última oportunidad, el último vestigio de recomposición de nuestro partido con el regreso de los que se fueron, lo que sería el final, el trayecto hacia la tumba del partido más glorioso que ha tenido el país en todo el trayecto de su historia.

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